El médico de pueblo que no soportó la corrupción

El médico de pueblo que no soportó la corrupción

Si René Favaloro estuviera vivo, hoy cumpliría 96 años de vida. En su honor, todos los 12 de julio es el día de la medicina social.

El barrio “El mondongo” de La Plata fue el lugar donde nació René Favaloro un 12 de julio de 1923, un caserío humilde desde el cual a los cuatro años de edad ya expresaría sus ganas de ser doctor. La gente que lo rodeó desde chiquito le enseñó el valor del trabajo. Su tío médico, con quien veía la labor desarrollada en el consultorio o en alguna visita domiciliaria, su padre ebanista, que supo enseñarle los secretos de ese oficio, su madre modista y su abuela, quien lo inició en el arte de sembrar y cultivar la tierra. A ella dedicaría su trabajo de tesis del doctorado, con el siguiente mensaje: “A mi abuela Cesárea, que me enseñó a ver belleza hasta en una pobre rama seca”. Su primera prueba de fuego la tuvo en el año 1936 cuando rindió un exigente examen para ingresar al Colegio Nacional de La Plata. Allí tuvo docentes de la talla de Ezequiel Martínez Estrada, y los principios de libertad, justicia, ética, respeto y búsqueda de la verdad guiaron su formación. Una vez finalizada la escuela secundaria, el joven Favaloro se inscribió en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de La Plata. Cursando el tercer año comenzó a ir al hospital Policlínico y tuvo su primer contacto con pacientes. A partir de ahí, no respetaría la currícula ni los horarios porque siempre volvía por la tarde para ver la evolución de las personas internadas y conversar con ellas. Estuvo dos años metido en ese nosocomio, día y noche, donde se trataban los casos más complejos de toda la provincia de Buenos Aires. Gracias a esa práctica adquirió un conocimiento general de todas las patologías y los tratamientos, además de aprender a respetar a los enfermos que, en su mayoría, eran de condición humilde. Casi paralelamente a su graduación en 1949, Favaloro accedió a un puesto de médico auxiliar en carácter de interino en el Policlínico pero cuando tuvo que rellenar una tarjeta con sus datos para hacer el trámite, en el último renglón le pedían que firme su consentimiento respecto a la doctrina del gobierno. Dijo que lo pensaría, aunque no le hizo falta mucho tiempo para negarse. Pero sabemos que las casualidades no existen. En esa época le llegó una carta de un tío suyo que vivía en Jacinto Aráuz (La Pampa), y le pidió que reemplace al médico de ese pueblo que estaba enfermo y debía ausentarse por algunos meses para realizarse un tratamiento. En mayo de 1950 ya estaba instalado en el sureste pampeano, lugar donde se quedó por 12 años y junto a su hermano, también médico, crearon un centro asistencial. Su labor consiguió que la mortalidad infantil de la zona se redujera hasta niveles muy bajos, disminuyeron las infecciones en los partos y la desnutrición. Su trabajo iba más allá de su propia tarea de doctor, y llegaron a organizar un banco de sangre viviente con donantes disponibles y llevaron a cabo charlas para la comunidad donde instruían sobre el cuidado de la salud. Sin embargo, al platense cada vez más lo empezaba a seducir la cirugía torácica y estaba al tanto de los avances revolucionarios que se estaban logrando en ese campo. Aunque le pesaba la idea de dejar Jacinto Aráuz, decidió irse a Estados Unidos para seguir formándose y poder atender mejor a sus pacientes. Se fue a la Cleveland Clinic, supuestamente por un breve tiempo pero se quedó 10 años. En esa institución primero fue residente y luego miembro del equipo de cirugía. Cuando terminaba con sus responsabilidades diarias, Favaloro se pasaba horas analizando las arterias coronarias y su relación con el corazón. En mayo de 1967, puso en práctica sus ideas acerca de la posibilidad de usar la vena safena en la cirugía coronaria. Al poco tiempo esta técnica, más conocida como bypass, lo hizo conocido a nivel internacional debido a que el procedimiento médico que inventó cambió para siempre el tratamiento de las enfermedades coronarias. Su deseo de fundar un centro sanitario similar a la Cleveland Clinic, en el cual se combinaba la atención médica, la investigación y la educación, en Argentina lo hizo retornar a su país en 1971. Creó la Fundación Favaloro en 1975, espacio que se convirtió en el centro de formación de miles de residentes de toda América Latina, que luego sumó un Laboratorio de Investigación Básica (para el cual Favaloro puso dinero de su bolsillo durante mucho tiempo) y varios años después facilitó la creación de la Universidad que lleva su nombre. El 29 de julio del año 2000, tomó la decisión de quitarse la vida. Su sueño de brindar a la comunidad una institución de excelencia médica estaba agobiado por las deudas y el gobierno de turno, las autoridades del PAMI y hasta el sector empresario le habían dado la espalda. “A mí me ha derrotado esta sociedad corrupta que todo lo controla, sociedad del privilegio, donde unos pocos gozan hasta el hartazgo, mientras la mayoría vive en la miseria y la desesperación”, explicó en su última carta. La vida tiene paradojas inexplicables: el médico rural que se había convertido en una eminencia al crear una técnica coronaria que salvó, y salva, la vida de millones de personas cada año, se mató de un disparo al corazón.