Las adicciones en el trabajo

Las adicciones en el trabajo

Ausentismo, violencia laboral y accidentes son algunas de las consecuencias que provoca el consumo abusivo de ciertas sustancias. Las organizaciones pueden, y deben, ayudar.

El flagelo de la droga lamentablemente está instalado hace décadas en nuestro país y en el mundo. No distingue por religión, sexo, edad, profesión ni condición socioeconómica y se ha vuelto una problemática grave a la que las organizaciones públicas y empresas no tendrían que hacer oídos sordos. Cuando se habla de adicciones a determinadas sustancias, no necesariamente se hace referencia a drogas ilegales, sino que también se incluye a otros consumos que pueden llegar a despertar dependencia, como el alcohol o los medicamentos. La adicción es una afición patológica que causa dependencia de una persona hacia cierta sustancia y restringe la libertad individual del sujeto. Por eso hay una serie de medidas que deben tomar los diferentes lugares de trabajo, ya sea que pertenezcan al sector público o privado, para prevenir este tipo de casos. Los controles no son algo malo. De esta manera se podrían detectar situaciones de abusos o consumos problemáticos por parte de empleados, pero es fundamental que los mismos sean consensuados entre los trabajadores y sus superiores. En este trato común también sería bueno que participen las aseguradoras de riesgos del trabajo. Otra medida interesante para paliar este problema, y que se viene desarrollando cada vez más desde hace tiempo, es la capacitación de delegados, médicos y personal sanitario de la obra social para prevenir y asistir en adicciones en el ámbito de trabajo. El rol de los responsables máximos de las instituciones del Estado y de las compañías privadas es crucial para poder poner en marcha mecanismos que logren detectar personas con problemas de adicción, evitar que crezca el número de empleados consumidores y también ayudar para que no se produzcan accidentes o situaciones de violencia en el espacio laboral, colaborando con la reinserción social del afectado. El caso del joven de 26 años que fue despedido de su puesto del Instituto de Seguridad Social de La Pampa por faltas reiteradas debidas a sus adicciones, y que se encadenó en los últimos días para reclamar que le devuelvan su trabajo puso en el centro de la escena una realidad que sucede y no se puede ignorar por siempre. Del mismo modo, los dramáticos momentos vividos por ese chico demostraron que la solidaridad y comprensión de los compañeros y de la sociedad también sirve, y mucho, en este tipo de situaciones. Una persona adicta no es mala de por sí, es alguien que está enfermo. De nada sirve la condena social o el desprecio cuando se trata de un semejante que pide ayuda.